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Manos que cuentan
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Aguila Gustavo Adrián
Aiduc Ballester Fernando Carlos
Albornoz Victor Oscar
Alfaro Cornejo Rodrigo Alejandro
Almécija de Kachurovsky Nélida Elizabeth
Ameri Mario Nicolás
Andrade Alejandro
Aranda Pablo Alejandro
Avalle Nora Elisa
Baez Leandro Joel
Barrasa Ezequiel
Bazán Ariel Luciano
beermann bibiana
Beguet Day Victoria
Benito Jorge Pedro
Bernárdez Nilda
Bocca Julieta
Bonomo Sergio
Bruegno Sonia Celia
Bustos Beatriz Teresa
Caleca Leonardo Pablo
Campos Diego Sebastián
Canda Cristina
Cánova Kuessner María Agostina
Capandeguy Maria Blanca
Carrera María Lina
Carrizo Diego Marcelo
Carrr Lia Eva
Casañas Roberto Luis
Casanova Eloísa
Castellaro Miguel Luis Claudio
Castillo Graciela Norma
Ciampagna Lisandro
coradini norberto
Córdoba Gabriela cecilia Romana
Correa María Trinidad
Dargán José Antonio
de Fabbro Rosa
de la mata sebastian
Eleno Eduardo Rubén
Garciarena Elio Waldemar
Gauchat de Savoré Lidia Reina
Geloso Alejandro
germino josé luis
Gomez Andrade Graciela
Jardel Alicia
Leuzzi Daniel
Lopez Santalla Olga Delia
Luján Daniel
Mancilla Fabián Antonio
Martínez Marcelo Ariel
Martínez de alvarez Angélica R.
Martinez Llenas Enrique Jorge
Maruhn Gabriel Augusto
Mazzoni Nivea Nereida
Melis César
Mendez Hector Omar
Mendoza Ruth Evelyn (Jensy)
Monke María Ester
Moretti Juan Francisco
Motta Gaston Martin
Motta Jorge
murano fernando
Napoli Alejandra
Naselli Jorge Alberto
Núñez Isabel Carmen Beatriz
Olivé Laura
Oliverio Silvia Graciela
Passaglia Estela
Pereza Zelmi
Petrinovic Diego
Pisa Hugo
Prato Rosana Patricia
pucheta angel fermin
Pustelnik Rosaura
Rojas Alejandra Paola
Romero Mario Marcelo
Rotondo Diego Martin
Sala Matías
Santero Juan Marcos
Scatarella Juan José
SEIBANE MARIA LAURA
Singer Marcelo Andrés
Sotelo Manuel Antonio
Tagliaferro Marcelo
Tolaba Noelia
Valiente Martha
Veglia Fernando José
velazquez rodrigo
Vercellino Aldo
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Colofón:16/04/2009
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Editorial:
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ISBN:978-9870237556
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[consultar] |
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200 páginas
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castellano
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Sinopsis:
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“De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es la extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo”. La frase pertenece a Jorge Luis Borges y forma parte del comienzo de una de las cinco clases magistrales que este gran escritor ofreciera en la Universidad de Belgrano, allá por 1979, el mismo año en que fui distinguido con el Premio Quevedo por mi primer libro de relatos Cuentos experimentales. Siguiendo este pensamiento basado en las herramientas que forman parte de nuestra vida cotidiana y que se transforman en la prolongación de los sentidos, podríamos afirmar que las manos son la prolongación de la memoria y de la imaginación, dones que todo buen cuentista debe atesorar y a los que podríamos unir a través de ese puente frágil, inasible y extraño que son también los sueños. Pues ¿qué escritor puede negar el vínculo sanguíneo que mueve febrilmente la mano de quien va creando un cuento, de quien tiene una historia para ser forjada y lo urge una sed que no es de agua, una sed que viene más allá de todos los desiertos?
No cabe duda que la llegada de la máquina de escribir y, posteriormente, de la computadora y sus extravagantes teclados y mouses, ha distanciado a la mano que escribe del corazón o de la mente. Algo de pasión se ha perdido en el camino: el trazo que acaricia la hoja o la lastima, la tachadura que delata el error o el arrepentimiento, la anotación al margen que genera un brazo del río en la curva imprevista del gran cauce creativo. Pero nunca nadie ni nada podrán proscribir de esa milenaria ceremonia que es narrar a las manos de una madre o de una abuela sentadas al borde de la cama y contándonos, durante nuestra infancia, una aventura antes de dormirnos. He aquí un claro ejemplo, acaso el único, en donde el gesto iguala al lenguaje. También se dice que la lectura de la palma de la mano es un arte de adivinación que no todos poseen. Pero quien se atreve a ese viaje de premoniciones, certezas, anhelos, intimidad, finitud, correspondencia y doméstico interés por su porvenir, se entrega a un cuento que le es propio pero que el otro lee con el azar de la mirada ajena, misteriosa, falible por donde se la piense. Es esa entrega la que nos vuelve vulnerables ante las historias en la que reconocemos a los otros y nos reconocemos. En definitiva, contar es dar una mano a través de la página a los llamados al silencio. Ya lo afirmaba Julio Cortázar: “contar es dotar de tiempo y espacio a una miserable anécdota, condenarla y someterla a una alta presión espiritual y formal que provoca su apertura”.
Los trabajos aquí publicados registran, en gran medida, esa magia de la que habla Borges y delatan esa presión y apertura que Cortázar menciona. Asimismo, responden a la lectura de otra mano gigantesca, polifónica, con líneas por donde las palabras van y vienen con su carga de sangre, de mundos, de ecos, de movimientos perpetuos. Con mayores o menores recursos, cada autor ha intentado plasmar el sortilegio latente en el extenso territorio que se yergue cuando la hoja de papel en blanco se asoma desde un simple cuaderno Gloria o desde la pantalla de una computadora. Para muchos, es su primera publicación. Para algunos, la posibilidad de reincidir, de crecer, de explorar temáticas, atmósferas, ritmos o subgéneros. El criterio para la selección y armado del libro ha sido amplio pero no cómodo: ¿quién puede determinar los límites de la tan mentada “calidad literaria” sin caer en las tentaciones del prejuicio o de la omnipotencia del que juzga? La historia de la Literatura Argentina ha demostrado, en más de una ocasión, que lo imperfecto es más perdurable y auténtico que lo académico e ilustre, muchas veces galardonado con premios que (como aseguraba Roberto Arlt) mejor no merecerlos.
Por último, Horacio Quiroga, otro de los grandes cuentistas de la escuela hispanoamericana, sostenía que un buen relato, una vez concebido el argumento, debía responder a determinadas reglas al mejor estilo de “una emoción que vivió, murió y resucitó con belleza”. De esta misma belleza surgen los trabajos de “Manos que cuentan”, textos iluminados con esa extraña atmósfera que antecede a los grandes eclipses y protagonizados por criaturas con entidad e identidad propias. Si hay un rastro común en los autores de esta antología es, precisamente, la diversidad de manos puestas a la obra, manos capaces de atestiguar el color de sus almas con sorpresa, ternura, sensualidad, intriga, juego, descaro, sabiduría, humor, amor, según el caso. Manos que dependen aún de ese dedo índice del primer hombre acercándose con fe a aquel dedo divino, en donde la luz es la única verdad y la verdad el único oficio común a todos los hombres, incluso a los cuentistas. Recuerdo ahora mi sorpresa al recibir el Premio Quevedo en 1979 de la mano de un gran narrador como lo fue Daniel Moyano, autor exiliado en España desde 1976, lugar donde murió a los sesenta y dos años, olvidado por la crítica y por sus congéneres. Y me pregunto qué extraña ley rige en el universo que lo que muchas veces una mano da, la otra quita con la grosería del inepto.
Agradezco, una vez más, a Editorial Dunken por convocarme a esta maravillosa tarea de abrir senderos entre la selva de los libros para quienes vienen detrás sin otro machete que la palabra, sin otra cantimplora que su esperanza hecha símbolo.
César Melis |
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Aiduc Ballester Fernando Carlos
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Alfaro Cornejo Rodrigo Alejandro
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Almécija de Kachurovsky Nélida Elizabeth
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Nació en Villa Atuel, Mendoza y dedicó su vida a la docencia.
Escribió alrededor de cincuenta poesías inéditas.
Es autora del cuento -Ese Lugar tan querido- elegido en la selección de textos 2007 de Editorial Dunken para integrar el libro -Los sueños y los ecos- de Alicia Regori de Muller.
Su primer libro publicado es -Elegir a vida-
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Bocca Julieta
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Actualmente escribe como columnista para el Diario IMAGEN de zona Norte,en donde se destaca con un vocabulario claro y simple para publico general,donde mes a mes se comunica con la sencillez que la caracteriza con cada lector.Participa en el taller de Literatura de la Casa de la Cultura de San Isidro, en Villa Adelina;expuso obras en Expocultura 2008 en el Hipodromo de San Isidro para Cultura,Si!.Nacida un 10 de febrero de 1975, en Bs As,su trayectoria como escritora data desde los 11 años.Trabajo para obras de teatro en la calle Corrientes como -Tango Aqui, y Ahora-,en donde una de sus obras fue obacionada por el público.Hija de Jose Bocca y Silvia Castiñeira, Casada con Mauro Giacomozzi y con una hija de 8 años ha dedicado gran parte de su vida a la escritura,logra conmover con sus historias y fascinar con su imaginacion.
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Cánova Kuessner María Agostina
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Castellaro Miguel Luis Claudio
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Córdoba Gabriela cecilia Romana
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Gauchat de Savoré Lidia Reina
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Lopez Santalla Olga Delia
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Martínez de alvarez Angélica R.
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Martinez Llenas Enrique Jorge
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Melis César
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César Melis. Escritor y periodista nacido en Buenos Aires, en 1956.Ha publicado Lunar de Fuego (Vinciguerra, 1991), El libro de las noches (Nueva Generación, 1995), La sangre llama (Dunken, 1996), Bitácora del fugitivo (Vinciguerra, 1997), El signo y las vísperas (Dunken, 1998), La noche tatuada (Dunken, 2005) y El sexto continente (Dunken, 2006).Como compilador, seleccionador y prologuista, es responsable de las antologías Golpes al silencio (1995), De par en par (1999), Palabras de sueños (2003), Cuentos de los oficios (2004), Relatos andantes (2005), Poemas vivos (2005), Son puros cuentos (2006), Historias con voces (2006), Palabras que levitan (2006), Los rostros y las tramas (2006), Poesía encontrada (2007), El arca de los cuentos (2007), Poesía Insomne (2008), Ronda de cuentos (2008), Verso a Verso (2008) y Manos que cuentan (2009). Ha sido galardonado, entre otras, con las siguientes distinciones: Premio Quevedo (1978), Premio Universidades (1979), Premio “Los jóvenes en la SADE”, PEN Club, sede local (1984), Premio Dirección General de Bibliotecas (1994), |
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Mendoza Ruth Evelyn (Jensy)
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Núñez Isabel Carmen Beatriz
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Valiente Martha
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Poeta y narradora. Nacida en Montevideo, se radicó en Buenos Aires en 1975. Cursó Letras y Bibliotecología en la Universidad de Buenos Aires y Educación Popular en la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo hasta 2007.Desde 1990 coordina el Taller Literario La Gaviota, en esta ciudad, en el que intenta desarrollar un criterio lúdico a la vez que de formación y crecimiento personal, aplicados a la escritura.Desde 1984 ha publicado los siguientes poemarios: Desde mi fuente, Poemas de amor y soledad, Alejandro (de fuego y miel), Ángel y Misterio, Como el olivo (Canción para Ani), Devocional y Montuïri a deu veus, estos dos últimos editados en Mallorca, España, donde residió 2001 a 2005. Su poemario Montuïri a deus veus fue patrocinado por el Ayuntamiento de Montüiri y su edición es bilingüe: español-catalán. Fue presentado en Mallorca, en 2008.En 2008 dio por terminada su novela Las primeras personas, tras varios años de gestación, que aún permanece inédita.Como narradora, Sólo para tus ojos es su primer libro de cuentos, y ha sido seleccionado por Editorial Dunken para su edición gratuita y anual correspondiente a 2009. |
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