El número que encabeza este libro podría simbolizar infinito, ausencia o multiplicidad. Es un texto de complejos matices que no permite al lector fijar una certeza de lectura debido a los movimientos continuos de cuerpos que se forman para huir inmediatamente hacia otros territorios del libro. Su base central son los fragmentos de un cuerpo que nunca termina de constituirse porque al autor le seduce más el desaparecimiento, la rearticulación y la disolución instantánea. El sujeto poético es un centro ausente al transformarse constantemente o introducirse en otro cuerpo que a su vez también se fragmenta. El texto de alguna forma, juega con el afán de interpretarlo todo, un espacio de ambigüedad que aborda al sujeto poético en el asomo y desarme persistente de su rostro, en la levedad de un cuerpo nunca finiquitado.30 versiones de un cuerpo, conjuga un tiempo diferenciado que rompe con la barrera horizontal de la narrativa identitaria, ya que es un espacio abierto a la pluralidad de significados mediante la diseminación textual del sujeto.Alejandro Alasevic nos presenta un discurso poético que no recurre a la oposición de conceptos para demostrar el conflicto identitario. La apuesta de escritura es más radical: simular, deshacer o sumergir. Imágenes que no proponen un sujeto específico en contraposición al relato regional, porque la indeterminación refuerza las tensiones que están ocultas en la continuidad ambivalente de la estructura identitaria. Destaca entonces, una temporalidad instantánea, un ritmo que libera conceptos fijos. Insinuar en el texto apunta a desmantelar lo trascendente, la inmovilidad histórica aferrada a una corporalidad determinada; y si se diluyen, repiten o desaparecen en otros, se altera el presente de las representaciones culturales.Gabriela Álvarez Gamboa |